miércoles, octubre 14, 2026
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ALTO A LA VIOLENCIA: NO PODEMOS SEGUIR PERDIENDO VIDAS POR CUALQUIER COSA

Editorial | Diario Norte RD

Hay algo que como sociedad debemos decir con absoluta claridad: no podemos seguir matándonos por cualquier cosa.

Una discusión, un roce en el tránsito, una deuda, una ofensa, una diferencia entre vecinos, un problema familiar o una palabra pronunciada en un momento de enojo no pueden convertirse en razones para arrebatarle la vida a otro ser humano.

La violencia está dejando heridas profundas en nuestra sociedad. Y detrás de cada noticia sobre una agresión o una muerte hay una familia que llora, unos hijos que quedan marcados, unos padres que pierden a un ser querido y una comunidad que vuelve a preguntarse: ¿hasta cuándo?

No podemos permitir que la violencia termine convirtiéndose en una conducta normal.

Tenemos que aprender a detenernos antes de reaccionar. A pensar antes de actuar. A dialogar antes de amenazar. A perdonar antes de buscar venganza.

Porque una reacción de apenas unos segundos puede provocar un dolor que dure toda una vida.

Ninguna ofensa merece una muerte. Ninguna discusión vale una vida.

Y en medio de esta realidad, como pueblo creyente, también debemos volver nuestros ojos hacia Dios.

La Biblia nos recuerda en el Salmo 46:1:

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.”

Cuando la ira nos domine, busquemos a Dios. Cuando tengamos un problema, busquemos el diálogo. Cuando sintamos deseos de responder con violencia, recordemos que siempre existe una alternativa.

No se trata de ser cobardes. Se trata de tener dominio propio.

La verdadera fortaleza no está en quien golpea más fuerte ni en quien logra imponerse por la fuerza. La verdadera fortaleza está en quien tiene la capacidad de controlar su ira, perdonar, retirarse de una confrontación y preservar la vida.

También corresponde a las familias, a las escuelas, a las iglesias, a las comunidades y a las autoridades trabajar para recuperar valores que son indispensables para una convivencia sana.

Nuestros niños y jóvenes necesitan aprender que la violencia no es una solución. Necesitan ejemplos de respeto, responsabilidad, solidaridad y amor al prójimo.

República Dominicana no puede acostumbrarse a vivir con miedo.

Tenemos que detener esta espiral de violencia antes de que termine arrebatándonos aún más vidas.

Desde estas páginas hacemos un llamado a todos: ¡basta ya!

Basta de responder con violencia.

Basta de convertir las diferencias en enfrentamientos.

Basta de permitir que la ira decida por nosotros.

Aprendamos a resolver nuestras diferencias hablando. Aprendamos a perdonar. Aprendamos a valorar la vida.

Y, sobre todo, volvamos a Dios.

Porque cuando el hombre siente que no encuentra salida, Dios sigue siendo refugio.

Cuando las fuerzas se agotan, Dios sigue siendo fortaleza.

Y cuando nuestra sociedad necesita esperanza, también podemos encontrarla en Él.

No perdamos otra vida por algo que pudo resolverse con una conversación.

Alto a la violencia.

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza.

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