Diez meses de bregas con la pandemia del Covid han creado, sin dudas, una nueva escuela del periodismo moderno en la que las historias humanas se convierten en el centro y objeto de la información, más que el declaracionismo puro y simple.
El lector y el usuario de la información y los contenidos especializados integran una audiencia que es la que hoy traza la ruta de las coberturas informativas y subordinan nuestras estrategias, realidades a las que ningún medio puede estar ajeno.
Pese a que se trata de un período corto, atípico por la naturaleza de sus traumas, esta experiencia del manejo informativo ha constituido, para el LISTÍN DIARIO y otros muchos periódicos tradicionales, la palanca de una profunda renovación.
Todos los parámetros de planificación y ejecución de las tareas periodísticas anteriores a la pandemia son cosas del pasado. Entramos por fuerza a una rápida reingeniería de los métodos, de las estructuras jerárquicas y de las formas de conexión con los lectores.
Al pasar revista a esta experiencia, como panelista de un webinar de la Escuela de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, me di cuenta de las cosas impensables que hemos hecho en las condiciones más dramáticas, con una redacción desierta pero unificada en la plataforma digital.
Para darles una idea, en estos meses afianzamos una línea editorial enfocada en los dramas humanos que se derivaron del trastorno pandémico, tanto en el orden de las penurias económicas como en el del cuidado de la salud.





